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Amor…¿deshechable?

Publicado: febrero 15, 2011 en Celebraciones, Uncategorized

Dicen que el amor  se ha vuelto desechable, como lo son las tarjetas, globos, flores, chocolates,  caramelos, querubines alados, adornos de foami, osos y otras mascotas de peluche; como lo son el papel celofán, las celocedas,  los cartelitos y los mensajes rosas, rojos y fiushas que inundan escaparates, tarjetas, calles y buzones de entrada en febrero.   Aún así, el  sentimiento amoroso, contrario a lo que a muchos les ha dado por creer hoy en día, no es tan mundano y materialista.

Tampoco tiene mucho que ver con la celebración de San Valentín con exactitud, ya que, como todo lo que solemos tocar y administrar los seres humanos,  los motivos originales de la celebración son transformados en  fines mediáticos  con   afanes de lucro, sí, porque todo ahora se vende y se compra según las posibilidades, y hay  días como estos  en los que el principal móvil es inflar carteras y desinflar otras so pretexto de celebrar el amor, porque muchos  quieren comprar “la estaca”, pero  “les falta la vaca”.

Y es que, con la presión social y anímica que se echa por los hombros en estos días (lograda en mayor parte por la omnipresente publicidad), a  más de uno o una se le ha escuchado lamentarse de la ausencia de una pareja, como si estas se vendieran junto con toda la parafernalia carmín y rosa de los centros comerciales.  Los amigos y las parejas no son accesorios o ítems coleccionables, mucho menos intercambiables, ni son una señal de estatus, aunque  es muy frecuente que se confundan a los seres vivos con objetos de lujo.

Lo mismo que ya es común ver a un canino de raza pequeña en los brazos de una fashionista, que la pertenencia de amigos y pareja es cuestión de estatus y reflejo del éxito personal y cuando un individuo decide que esa es la definición para sus relaciones interpersonales, es cuando se unirá  a las filas del esnobismo, la pretensión, la pose, cuando se hará seguidor de las tendencias del momento, no importa que no tengan que ver con su esquema de valores (si es que alguna vez los tuvo)  hasta perderse así mismo en esa dinámica del siempre parecerse a los demás.

Conductas de presión y causas que desvirtúan el objetivo inicial hacen que se pierda de vista que muchas veces el viaje es más importante que la meta, y  que desesperemos por un ser con el cual podamos demostrarle al mundo que somos todo menos inadaptados sociales.

Y los corazones se vacían y llega la ambición por poseer; llega el catorce de febrero; llega San Valentín  para que se celebre el amor y si lo hay, ¿por qué no? Se puede, se vale  hacer un presente que nazca de las ganas de ver sonreír a quien le da sentido a la celebración, por que cuando se tiene y se posee el amor, raro presente de la vida que se nos es otorgado raras, rarísimas veces a lo largo de nuestra existencia, es bueno considerar que hay que regarlo, cuidarlo y cultivarlo como a una planta exótica y delicada que no un ente disponible en algún aparador, por lo cual nos privilegia con su existencia. Pero si no, creo que hay que dar un paso adelante y ver que aunque somos seres sociales, y el hecho de no vernos completamente “adaptados”- incluso en los aspectos emocionales, sentimentales o familiares- sólo nos hace la excepción a la regla y nos otorga la comprensión de que en  este mundo, no todo se trata de llenar el álbum de los menesteres como si fuera una lista del supermercado: casa..sí, empleo prestigioso…sí, auto a la puerta…sí, ropa costosa…sí, amistades influyentes o populares, gente políticamente correcta en nuestra colección de cromos e  incluso, pareja de buen ver y con una jugosa cuenta en el banco de preferencia.

El mundo de las emociones no puede ser  surtido con una visita al centro comercial, y si al amor se le da el tratamiento de una pertenecía, a la pareja de un modelo de auto susceptible a ser cambiado cuando aparezca uno más lujoso y atractivo, entonces no nos extrañemos que un día, el  famoso sentimiento sea tan capitalizable y mundano que se le relegue a un úsese y   tírese, y   lo hallemos  botado en un cesto de basura junto con todas las chucherías, ositos cariñositos , corazones y demás monadas y fayucas compradas el catorce de febrero, que como todo en esta vida de consumismo, pierde su encanto después de un tiempo.

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